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El valor de la gratitud en tiempos difíciles

Dar gracias protege nuestra salud y nos hace sentir más arraigados a la vida
Diana Casellas

Diana Casellas Paulí

Responsable del ámbito de sensibilización y educación
Obra Social Sant Joan de Déu (Solidaritat SJD)
Gratitud

Decimos adiós al 2020 con un sentimiento general de desánimo y ganas de avanzar rápidamente hacia un nuevo escenario. Mucha gente ha sufrido, ha llorado más y ha sentido el miedo más cerca que de costumbre. Otros, seguramente, aún sienten la tristeza de alguna pérdida cercana o la angustia provocada por alguna situación complicada.

Pero también ha sido un año repleto de aprendizajes en los que vale la pena detenerse un momento, porque corremos el riesgo, si no, de pasar por ellos de puntillas y olvidarlos demasiado pronto.

Más allá de los miles de pequeños gestos de solidaridad que se han dado en cada pueblo, barrio, comunidad de vecinos, etc., ha habido también infinitas muestras de gratitud. Y es precisamente en eso en lo que este artículo quiere hacer hincapié. Seguramente, el ejemplo más extendido y notable fueron los emotivos aplausos de las 20h, cada día puntuales y en todo el país, durante más de dos meses.

Y es que, en estos tiempos de pandemia global, seguro que todos y todas hemos tenido motivos para agradecer infinidad de cosas a infinidad de personas:

  • A los y las profesionales de la salud en los centros de salud y en los domicilios.
  • A los y las profesionales cuidadoras que han velado por las personas mayores en las residencias.
  • A los y las profesionales y voluntariado del sector social, que se han dejado la piel cada día (y no siempre trabajando en las mejores condiciones) para cuidar de las personas que la sociedad invisibiliza.
  • A los docentes, que han dedicado esfuerzos ingentes para que los niños y niñas y adolescentes puedan seguir con sus estudios con el máximo apoyo emocional.
  • A trabajadores y trabajadoras que hemos descubierto que son esenciales y que nos han permitido seguir con nuestra vida diaria: ir a comprar, utilizar el transporte público o disfrutar de espacios limpios.

Y a tantos y tantos colectivos que han aportado su granito de arena para que todos, como sociedad, pudiéramos superar esta difícil prueba.

Reto social pandemia

El reto social que nos deja la pandemia

Practicar la gratitud como elemento protector de nuestra salud

La gratitud es un valor que se afianza con la práctica y es una actitud que adoptamos en la vida, motivo por el cual ha inspirado numerosas aproximaciones teóricas y filosóficas a lo largo de la historia. Porque, a diferencia de emociones como el miedo, la alegría o la tristeza, la gratitud no es una reacción básica ni surge de manera espontánea, sino que hay que cultivarla desde la consciencia y reservarle un espacio.

En un mundo que, a menudo, se mueve demasiado rápido, a veces es imprescindible detenerse para ser capaces de encontrar motivos de agradecimiento.

Practicar el valor de la gratitud, es decir, dar gracias, es una manera de aceptar que somos seres imperfectos e interdependientes, que necesitamos a los demás. Todos y todas. Es una muestra de humildad ante la vida.

Pero ser agradecidos no significa que debamos ignorar las numerosas injusticias que nos rodean a diario, ni que dejemos de seguir luchando para cambiarlas. Por ello, el hermano David-Steindl-Rast, uno de los principales investigadores de la gratitud, nos recuerda que es sano no estar agradecidos por todo. Y precisamente para identificarlo con más claridad, nos invita a pararnos y mirar con atención plena, a través de todos los sentidos. Como el niño o niña que se detiene antes de cruzar un semáforo.  

Diferentes estudios realizados sobre el bienestar demuestran que practicar la gratitud nos permite sentir la felicidad de manera más viva. El psicólogo norteamericano Robert Emmons resume los beneficios que nos aporta esta práctica:

  • Mejor salud física y mental.
  • Mayor felicidad.
  • Sentimiento de conexión más fuerte con las personas que nos rodean.

Ahora, sabiendo esto y, pese a los problemas de estos tiempos difíciles, la pregunta es sencilla: ¿Qué motivos tengo yo para estar agradecido? Y, una vez hallemos la respuesta, si es que eso llega a ocurrir, procuremos no dejarla pasar y demos gracias de manera auténtica y consciente con un gesto o una palabra, y sigamos explorando las numerosas oportunidades que nos brinda la vida cada día.

Porque, como dice el filósofo chino Lao Tse, la gratitud es la memoria del corazón.

Foto de schantalao - www.freepik.es

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