Similitudes y diferencias entre la adicción a las pantallas y a las drogas

Resumen
Las conductas que dan placer, tanto en el ámbito de las pantallas como en el de las drogas, se pueden situar en un continuo. Por un lado, nos encontramos con un uso que no genera consecuencias negativas con una repercusión significativa, y, por otro lado, un uso problemático, que se puede dividir en:
- Abuso: cuando provoca consecuencias negativas sin generar dependencia.
- Adicción: implica tolerancia y síndrome de abstinencia.
Es esencial evitar patologizar a todos los jóvenes y centrarnos en la prevención para evitar que situaciones de uso o abuso deriven en adicciones.
Las adicciones comportamentales, como por ejemplo el uso problemático de las pantallas, comparten varias características con las adicciones a sustancias. Autores como Javier Carbonell y Enrique Echeburúa han estudiado este fenómeno y han aportado luz sobre los puntos coincidentes y divergentes.
Similitudes principales
Activación de los circuitos cerebrales
Tanto el uso de drogas como el de pantallas activa el sistema de recompensa cerebral, específicamente el circuito de la dopamina. Este mecanismo refuerza conductas asociadas al placer, algo que puede derivar en dependencia. Esto genera comportamientos compulsivos que, en caso de restricción, pueden derivar en síntomas de abstinencia como la irritabilidad o la ansiedad. Así, la necesidad constante de estímulos digitales crea patrones de dependencia similares a los que se observan en otros trastornos adictivos.
Refuerzo positivo y negativo
Inicialmente, ambas conductas se mantienen por el refuerzo positivo (placer). Posteriormente, el refuerzo negativo —evitar emociones desagradables como el aburrimiento o la soledad— sostiene el hábito.
Síndrome de abstinencia
Varios estudios muestran que tanto el abandono de sustancias como el del uso excesivo de pantallas puede provocar síntomas como irritabilidad, ansiedad o dificultad para concentrarse.
Vulnerabilidad adolescente
La inmadurez cerebral de los adolescentes los hace más susceptibles a establecer procesos de dependencia a las sustancias o a las pantallas. Esta etapa se caracteriza por una menor capacidad de autocontrol y una mayor búsqueda de nuevas sensaciones. Esto, sumado a la presión social y la aprobación de los iguales, aumenta el riesgo de desarrollar dependencias.
Factores de riesgo compartidos
Los factores de riesgo para la adicción a pantallas son similares a los de las drogas:
- Dificultades en la autogestión y el autocontrol.
- Inestabilidad afectiva y características como, por ejemplo, baja autoestima o timidez.
- Control parental insuficiente y problemas familiares.
- Soledad emocional y social.
Los jóvenes con estas dificultades a menudo encuentran en internet un medio para satisfacer necesidades sociales y explorar la identidad, pero esto puede derivar en un uso problemático.
La capacidad de autocontrol se construye progresivamente y requiere de un entorno de apoyo. Familias, escuelas y comunidades tienen un papel clave en la promoción del pensamiento crítico, en el establecimiento de normas y de modelos de conducta, en la promoción de valores prosociales y en garantizar un entorno equitativo y solidario que contribuya al desarrollo saludable de la persona.
Diferencias principales
Sustancia versus conducta
Las pantallas no incluyen una sustancia física y tienen una mayor aceptación social. Esto requiere una mirada preventiva y educativa, más que centrada en la abstinencia.
Tratamiento
El uso problemático de las pantallas no siempre requiere abstinencia total como objetivo terapéutico; se busca, más bien, un uso funcional y equilibrado. Además, la adicción digital a menudo se banaliza socialmente, cosa que dificulta la detección temprana y el abordaje.
Impacto físico directo
Las drogas tienen efectos fisiológicos nocivos evidentes, mientras que las adicciones comportamentales, aunque pueden causar trastornos físicos indirectos (como alteraciones del sueño), no comportan daño orgánico directo.
Reconocimiento clínico
A pesar de que la adicción a las drogas está muy establecida en los manuales diagnósticos como el DSM-5 (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), solo el trastorno por juego y la adicción a los videojuegos tienen un reconocimiento formal similar. Las adicciones a internet o a las redes sociales todavía requieren más investigación para consolidarse como diagnóstico independiente.
En definitiva, comprender estas similitudes y diferencias es esencial para una intervención preventiva y educativa que tenga en cuenta el entorno y las necesidades específicas de los adolescentes.
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