Leire Martín Curto
Ilustradora, autora del libro «Yo también quise ser como Ana y Mía»

«El lápiz y el papel me han ayudado a luchar contra el TCA»

Recuerdo el año que enfermé con total claridad. De repente, mi vida dio un vuelco tremendo. La luz dio paso a la oscuridad. Me sumergí en un pozo intentando buscar la felicidad que me prometía la enfermedad. Un pozo del que me fue muy difícil salir, lleno de obstáculos que tuve que ir superando.

Creo que dividiría mis años de enfermedad en dos etapas. Una primera, en la que el monstruo de la anorexia tomó el control de mi vida, y en la que yo no era consciente de lo que me pasaba. Y una segunda etapa, ya consciente de que necesitaba ayuda, en la que el monstruo de la anorexia, viendo que «necesitaba refuerzos», llamó a su amiga la bulimia para que la ayudase a mantenerme en el pozo.

Ana y Mía

Esa primera etapa de anorexia nerviosa fue una etapa caracterizada por el control extremo: control hacia los alimentos (cantidades, formas de cocinarlos, horarios de comida…), control hacia el deporte, control sobre el peso de mi cuerpo… Todo tenía que estar superestructurado en mi cabeza, y como algo se saliera de ese control, de esas reglas que me había fijado, me sentía la peor persona del mundo. Porque mi problema real no era con la comida, era con mi mundo interior. El no saber expresar mis sentimientos durante años, el complacer a los demás antes que a mi misma, el no saber decir que no…me había llevado a un descontrol total de mi vida, y creí encontrar en el TCA la solución.

Ana y Mia iceberg

La segunda etapa, la recuerdo como la vuelta al descontrol total. Parece que el monstruo de la anorexia se había enfadado conmigo por haberle dado la espalda y mandó a su compañera la bulimia como castigo, para quitarme ese control y sumirme en ese descontrol que tanto miedo me daba. Empezó entonces la época de atracones, conductas compensatorias, restricciones…un círculo vicioso del que me fue muy duro salir. Era incapaz de estar sola en casa sin terminar asaltando la despensa y devorando todo lo que encontraba. A simple vista, engullía comida. Pero en realidad lo que hacía con esa conducta era tragar todos los sentimientos que tanto daño me hacían por no saber gestionarlos ni expresarlos. Luego, cuando me deshacía de lo ingerido, era una forma de expulsar esos sentimientos de mi interior. Para mi, deshacerme de la comida ingerida era una forma de sacar de dentro esas emociones que no podía sacar de mi interior.

Ana y Mía vómitos

Esta etapa fue muy dura, ya que yo ya era consciente de que estaba enferma, quería recuperarme, quería volver a vivir, pero el monstruo de la bulimia me abrazaba con sus tentáculos y no me dejaba escapar. Fueron años de mucha ansiedad, en los que llegué a autolesionarme, a perder la ilusión por vivir.

Ana y Mía aplastar

Y en medio de todo este desajuste emocional, en esa búsqueda de herramientas para aprender a gestionar mis emociones y dejar de lado las conductas alimentarias como forma de solucionar mi mundo interno, me topé con la ilustración.

Desde pequeña me ha gustado dibujar. Me recuerdo siempre con un lápiz en la mano, plasmando en papel mundos imaginarios. Y durante la enfermedad, recuerdo una recaída en la que me aferré tanto a este recurso que podría decir que me salvó la vida. Dibujaba a todas horas, sacando de dentro eso que era incapaz de expresar con mi voz. Luché contra el TCA con un lápiz y papel. Y poco a poco, fui avanzando en la recuperación, fui ganando a los monstruos, empecé a ver poco a poco la luz al final del túnel.

Este medio artístico me ayudó durante todos los años de recuperación. Junto a la labor de los profesionales especializados en TCA, la ilustración me sirvió para conocerme mejor. Aprendí que la enfermedad no era la forma de gestionar mis emociones. Que la anorexia, la bulimia, o cualquier TCA (al final, aunque con nombres y síntomas físicos diferentes, todos los TCA se caracterizan por una mala gestión emocional de uno mismo; la punta del iceberg cambia, pero lo que no vemos, la parte más grande, es lo que tienen en común, y que no hay que olvidar de trabajar), no me estaba ayudando a conseguir esa felicidad, no me estaba resolviendo mis problemas. Tenía que buscar otras herramientas que realmente me fueran útiles.

Ana y Mía pasión por el dibujo

Una vez recuperada, he seguido ilustrando. No me imagino mi vida sin este medio de expresión. Creo que es fascinante, que realmente funciona y ayuda. Por ello abrí mi cuenta de instagram @quiseseranaymia donde haciendo uso de mi experiencia y la ilustración, doy voz a los TCA y a la salud mental. También he publicado la novela gráfica Yo también quise ser como Ana y Mía, en la que mediante viñetas narro mi historia, dando un mensaje positivo a la sociedad: se puede volver a ver la luz.

Viendo la aceptación que han tenido ambas acciones, de los mensajes de agradecimiento que recibo cada día, mi propósito es llevar el proyecto «Quise ser Ana y Mía» aún más lejos y poder así ofrecer a la sociedad esta herramienta que tanto me ha ayudado a mi en mi proceso de recuperación. Porque la ilustración es un medio artístico que puede ser muy poderoso a la hora de expresar sentimientos. A mi me ha servido, y estoy seguro que a mucha gente le puede llegar a servir.

Portada libro «Yo también quise ser como Ana y Mía»

Mediante charlas y talleres de ilustración quiero hacer llegar a la ciudadanía la verdad de estas enfermedades y concienciar de la importancia de una buena gestión emocional desde pequeños. Y no se me ocurre mejor manera de hacerlo que mediante el dibujo, mi gran aliado durante todos estos años. La herramienta que me devolvió a la vida y gracias a la cual hoy puedo gritar bien alto que una recuperación es posible y que «¡se puede volver a ver la luz!».

Ana y Mía, se puede ver la luz.

 

Este contenido no sustituye la labor de los equipos profesionales de la salud. Si piensas que necesitas ayuda, consulta con tu profesional de referencia.
Publicación: 18 de Julio de 2022
Última modificación: 18 de Julio de 2022
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